
Hace unos días estuve en Belchite.
Para los que nunca hayáis oído hablar de este lugar, es un pueblo abandonado a unos cincuenta kilómetros de Zaragoza. Justo al lado está el nuevo Belchite, construido en los años 50, pero no tiene ningún interés. Pero sí lo tiene el viejo Belchite.
Allí se libró una importante batalla durante la guerra civil, y además el pueblo fue asediado durante mas de un año; hubo innumerables bajas, muchos de ellos civiles, habitantes del pueblo...
Puesto que la zona estaba tomada por los nacionales, inmediatamente fue considerado un pueblo mártir, y durante mucho tiempo después allí se celebraron reuniones de Falange para "honrar" a sus caídos. Allí, en el depósito de aceite de una vieja almazara y catorce días después de la batalla se enterraron los cuerpos de los combatientes, amigos y enemigos juntos, entre capas de cal... Y allí continúan.
Por desgracia hay muchos pueblos en España con alguna historia similar. Lo que hace especial a Belchite es que las autoridades franquistas decidieron no reconstruir el lugar para dejarlo como testimonio "de la barbarie roja" (sic). En realidad, los habitantes volvieron a sus viejas casas y habitaron allí hasta que se les entregaron las nuevas, con la prohibición expresa de regresar.
Las ruinas que quedan no son obra sólo de los bombardeos, es cierto; sobre todo son obra del abandono y del saqueo de material durante las posguerra; los chatarreros hicieron su agosto en aquellos años de pobreza y hambruna y los antiguos inquilinos se llevaron tejas y ladrillos a sus nuevos hogares. Pero el lugar tiene algo que retrotrae a aquella época; a los tiroteos, al miedo, a la guerra... Belchite tiene varias iglesias y un monasterio que conservan huellas de las bombas, las torres carcomidas por la metralla, los agujeros en los muros de las casas por donde los belchitanos se movían de un lugar a otro del pueblo sin exponerse a los francotiradores...
No recuerdo dónde escuche hablar de Belchite por primera vez, pero siempre he sentido una especial atracción por lo que ocurrió entre el 36 y el 39. Al fin y al cabo mi abuelo paterno aún conservaba la cicatriz que le dejo una bala al atravesarle la muñeca cuando luchaba con los nacionales, mi abuelo materno fue encarcelado por rojo durante varios años siendo un adolescente y mi tío-abuelo escapó por los pelos de un pelotón de fusilamiento porque un vecino le acusó falsamente. La herida persiste, y aunque la generación que vivió la guerra esté a punto de desaparecer, no podemos, no DEBEMOS olvidarnos de aquello. No son historias de viejos. Es nuestro pasado, nuestra historia, y ya sabéis que quien olvida los errores está condenado a repetirlos.
Belchite también es famoso desde los 80 porque un grupo de parapsicólogos grabó varias psicofonías y fenómenos inexplicables. Desde entonces también tiene fama de pueblo fantasma. Muchos investigadores han conseguido grabar sonidos de aviones, bombas, gritos, frases de batalla...
Y por que no? El dolor y el sufrimiento que allí se vivió durante tanto tiempo ha tenido que impregnar las piedras añejas, el suelo y las paredes y quizá, sólo quizá, aquella energía ha perdurado a través de las décadas.
Buceando por la red he encontrado información sobre Belchite, ¿y sabéis cual es el primer resultado de Google?
Una película sobre el lugar que una productora pequeña ha rodado en el viejo pueblo unos días antes de que yo estuviera por allí. El argumento gira alrededor de unos supuestos hechos fantasmales y misteriosos que se vivieron en el lugar mientras esa misma productora rodaba un corto hace unos años.
Y allí, nada mas abrir la página, entre las fotos del reparto me encontré a alguien que me resultaba familiar: era Kiko, un compañero de la Escuela de Arte Dramático.
¿Casualidad? hay quien dice que semejante cosa no existe...