jueves, 1 de octubre de 2009

MiraLes


Un café y mi portátil. Un poco de humo en la cara desde alguno de mis vecinos de soledad o de compañía (qué se le va hacer, paradójicamente la zona de fumadores es mas acogedora).


Aparecen cuatro, quizá cinco chicas. Tienen gafitas y pinta de intelectuales. La que parece que manda en la reunión no: esta gasta algo de acento argentino, quiza uruguayo y pinta de pijilla.

En esta sala tan coqueta cualquier grupo de mas de dos personas revoluciona el vecindario... así que yo me aprieto.

Aparece otra chica. Luego otra. Luego otra más. Y un chico. Me han arrinconado contra la pared sin piedad. Literalmente.


Hablan con palabras pretendidamente profesionales de la manera de gestionar el negocio que acaba de arrancar. Hablan de posibles patrocinadores: bares, casas rurales, Berkana, sex shops... Hablan de la página web, de las cifras de visitas, de las próximas entrevistadas y de nuevas secciones. Me pica la curiosidad...


Nunca dicen el nombre del proyecto, pero una búsqueda rápida en la web me lleva hasta ellas. Están sus fotos... (os he cazado).


En realidad me dan envidia. Comienzan un sueño con ilusión y con todo por conseguir... a mí también me gustaría ser parte de algo así.


La chica pijilla es la directora. Increíble. Miro las fotos de la fiesta de presentación... No conozco a nadie: el bar es nuevo; las chicas podrían estar en cualquier garito de Santa Ana, pero no, es Chueca. Dios mío...¿tanto hace que no salgo de fiesta? 0% de pluma gay. La palma se la lleva la directora superfemme.


He conocido muchas revistas les y ninguna ha durado; las de gays son muchas y de éxito. Las chicas nunca han sido un lecho de negocio tan goloso: beben menos que los chicos (la mayoria), salen menos (ya sabes, te llevas el ficus y el gato a casa de tu rollo de una noche al dia siguiente y ya no se te ve el pelo en varios años), tienen un sueldo inferior, niños a los que alimentar... buf.

Espero que les vaya bonito. Y yo que lo vea.